Luis es un hombre muy trabajador, vive en la comuna de Conchalí. Acaba de terminar su enseñanza media. Entró con mucho esfuerzo a estudiar teatro en la Universidad De Chile.
Todos los días se levanta a las siete de la mañana. Sale con su acompañante favorito:”el kinkin”. De vestimenta sencilla, “El Lucho” toma todos los días diferentes recorridos por nuestro Gran Santiago, deleitando a todos sus pasajeros con sus melodías y su gran talento. De lunes a domingo, Luis ve pasar un desfile de personas: alegres, con caras largas, cansadas, eufóricas.
Le han tocado todo tipo de experiencias. Chóferes mala onda, que simplemente no le abren la puerta y no le permiten subir a las micros, No faltan aquellos que se molestan con su música; sin embargo hay otras que disfrutan y valoran el arte urbano que el realiza cada día. Un día se levantó, pero recordó que ya nada era lo mismo desde ese momento su vida cambió rotundamente era Jueves y Luis salió con total normalidad, se subió a la 403 y al bajarse de la micro y cruzar la calle no se percató de que venía un auto, y lo arrastró unos metros dejándolo en la U.T.I. Después de muchas intervenciones quirúrgicas, Luis se pudo salvar, pero ya nada tiene sentido en su vida, si no es hacer lo que él más ama. Salir de mañana a trabajar en las micros con su amado “kin kin”.
Hoy no puede evitar mirar el pasado con tristeza desde su silla de ruedas..Jamás volverá a ser el mismo.
La paraplejía no le permite hacer música.
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